hablar con Dios

El autor de este salmo continúa en la lógica inocente de un niño, que observa lo creado y disfruta de su Dios en ello. El v. 3 inicia con la imagen maravillosa de un Dios que crea con sus manos (Gn. 2) Dios cual alfarero dándole forma a su obra. Esto es obra de tus manos, obra de tus dedos. El salmista nos presta un criterio maravilloso para pensar a Dios. Dios pone en forma, orden, con detalle de artesano, de artista, toda su creación. Sigue absorto en su contemplación nocturna. Y continúa: Cuando veo la luna y las estrellas. Cuando me pierdo en esa inmensidad del cielo estrellado, la primera pregunta que me surge Dios, es: ¿qué es el hombre (ser humano) para que te acuerdes y lo cuides? (v. 4)
Pónganse en escena, este sabio salmista, va caminando de noche, observado, orando, contemplando a su Dios en la creación, y perdido en esa contemplación/adoración, surge la mirada sobre su pequeñez. Quiénes somos para que te acuerdes y te preocupes por nosotros. Detalle hermoso, Dios es cuidadoso con su creación, pero cuando se trata del ser humano ya no hay una mirada de ocuparse del mismo como si fuera un objeto, la idea es que cuando se trata de sus hijos e hijas, no sólo hay un carácter de Dios que da forma con sus dedos, sino que sobre el ser humano hay una mirada divina diferente; lo recuerda, se preocupa, se ocupa. Y esto es lo que tiene maravillado al Salmista. Que su Dios lo recuerde, que camine con él, que se preocupe por él.

Me parece que me faltan mas salidas al campo como estas. Me parce que he reducido el mundo de Dios a mi mundo. Y sin darme cuenta, ya ni miro al cielo, ya no contemplo el mar, ya nada me asombra. Todo lo que era grande parece que ya lo conquisté. Ya no hay desafío. Y este camino afecta mi pequeñez. Ya no me siento pequeño en mi mundo, al contrario, me siento grande, controlo todo. Pierdo la humildad de reconocer incluso, que dialogar con Dios, tiene que ser una experiencia de asombro. Quién soy para que me recuerdes, para que me sigas buscando, para que insistas en visitarme. Amados en esta cuarentena, volvamos a orientar la mirada, a reconocer que el mundo es de Dios, y es más grande que nuestros propios mundos. Ahí está el principio de humildad, de pequeñez frente a Dios. Esa pequeñez que nos hace descansar en que Dios cuida de los suyos, así como lo hace con su creación.

Oramos
Por que el coronavirus no se propague.
Por los/las infectadas con covid-19. Y por las familias que hay detrás.
Para que lo particular del día a día, no nos haga perder de vista que Dios es soberano sobre su creación.
Para que la economía local, familiar no se vea tan afectada por la cuarentena.
Que nuestra iglesia, como cuerpo de Cristo se mantenga mas unida que nunca.

Paz y bien

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